07 Oct

Juan Antonio Yáñez (desde Japón)


Inaugurando una nueva modalidad, esta vez no tengo ninguna investigación documental. Simplemente quiero compartir una experiencia durante mi estancia de entrenamiento en Japón.

La semana pasada estaba con varios de mis compañeros sentado junto a las puertas del templo Hachimangu en la ciudad de Kamakura, cuando me di cuenta que un grupo de aproximadamente 6 niños nos veía de lejos. Todos vestían ropa similar y usaban la gorra característica de quien va a una excursión. Ellos, sin duda venían hasta este lugar tan turístico en busca de un objetivo, y para mi sorpresa, ese objetivo éramos nosotros. Nosotros, qué digo, bueno… mejor describo lo que a continuación sucedió.

Después de unos minutos de examinarnos desde una distancia prudente, por fin, una niña, la mas valiente del grupo, se acercó titubeante y se lanzó sobre su objetivo. Ella llegó junto a la persona sentada a mi lado, mujer blanca de claros rasgos, si no caucásicos, sí blancos y europeos. Ella disparó a quemarropa: ¨
Hello, my name is Yoko, I come from Gunma. Can I ask you a question?

Oh yes, of course.

What is your name?

My name is Lucy (me reservo la identidad de la víctima)

Where do you come from?

I come for Hungary.

Can you please write your name and your country here?

(ella le dio un cartón donde señalaba los espacios para escribir tal información)

Thank You

A continuación, la niña le dio un papel con su propio nombre y su fotografía, a manera de tarjeta de presentación

Fin del encuentro.

Cuando el resto del pequeño pelotón vio el ejemplo, uno a uno eligieron objetivo y se lanzaron en picada. El primero se abalanzó sobre el pequeño amigo de piel blanca y ojos claros; él, por cierto es chileno. El siguiente se dirigió hacia la elegante profesora de Ucrania. Quedábamos dos con vida y después de unos 30 segundos, fui yo el siguiente objetivo, luego el de Guatemala, y finalmente, mi compañero de Indonesia encontró su turno.

No sé si el pequeño pelotón de Gunma obtuvo lo que buscaba. Pero este pequeño encuentro multicultural a mi juicio dejó ver cómo desde el siglo XIX y hasta la actualidad, Japón, como colectividad, se sigue relacionando con aquello que proviene de afuera.

En este aparentemente inocente diálogo, existe una agenda que si bien no es explícita, sí es fácilmente deducible. Los niños, en su clase de inglés, recibieron una instrucción: Vayan a Kamakura y busquen a algún grupo de “extranjeros” (gaikokujin 外国人). Una vez con ellos, practiquen el siguiente patrón (saludo, auto presentación, permiso, obtención de información, retroalimentación y despedida).

Es notorio que los niños practicaron mucho y cumplieron con la consigna. Ahora, la parte ideológica que hace interesante este episodio está en la forma como eligieron a las personas ideales para tal actividad.

Encontrar a un gaikokujin, requiere una labor de reconocimiento visual en el que se asoman viejas imágenes que por lo visto siguen definido a lo japonés con lo que no lo es.

Ellos desde lejos buscaban elementos semióticos, pistas relacionadas a un concepto viejo y anquilosado: el gaikokujinjin perteneciente al Occidente, por lo tanto blanco y angloparlante. Ahí está… la mujer alta blanca de gran nariz. Luego, el gradiente de tonalidades se fue oscureciendo de manera evidente.

No sé si ellos quedaron satisfechos con lo que obtuvieron de nosotros; pero me atreveré a decir que en el afuera (soto ) del círculo de intimidad japonesa ( es decir, el adentro, uchi ), la lengua que define al soto es el inglés; por tanto, la representación social de un Soto dibuja un ambiguo boceto compuesto por 3 elementos generales raza blanca-idioma inglés-Europa/EU. Lo demás, por eliminación se fue dando.

La ironía en esto es que ahí estábamos, cinco extranjeros de los cuales ninguno es hablante nativo del inglés; sin embargo, no sé si los niños en algún momento hicieron conciencia de ello, o en su defecto asumieron que la extranjeridad por definición trae consigo a la lengua inglesa en la garganta. Por eso y muchas razones, desde entonces me he hecho varias preguntas:

  • Estos niños ¿irán a reprobar por hacer el ejercicio con gente que no es hablante nativo del inglés?
  • Si hubiera estado con nosotros la compañera de Corea, ¿ellos se habrían acercado a entrevistarla?
  • ¿Por qué no la pregunta inicial fue: Excuse me, do you speak English?
  •  ¿Habrán considerado que nosotros tal vez no les entenderíamos?
  • ¿Sus profesores, tendrán la conciencia de que mas allá de los mares, existen cientos de lenguas y que existen muchísimos extranjeros que van a Japón y que en verdad no dominan la lengua inglesa?
  •  (pregunta para lingüistas) ¿Qué opinaría de este encuentro gente como Tove Skutnabb-Kangas?

Al final, supongo que no debo de ser tan radical. La agenda escondida (o mas bien creo que es explícita) del Ministerio de Educación dice que, en un mundo tendiente a la “globalización” el inglés es la lengua elegida para que Japón se relacione con el mundo exterior. Los contraargumentos a esta realidad, se los dejo a los expertos, aunque supongo que los retomaré la próxima vez que alguien en este país me vuelva a contestar en Ingurishu.