12 Feb

Este artículo apareció en BoletínACIA número 27

Claudia Camacho

El sintoísmo (神道 shintō-) es una religión originaria de Japón que se basa en la adoración a los espíritus de la naturaleza. Pese a vivir en una sociedad altamente industrializada, las tradiciones del shintō se encuentran muy arraigadas en el espíritu de los japoneses, quienes las han integrado a la vida moderna y les han dado un renovado dinamismo. Los festivales son uno de los ejemplos más claros de ello: nos muestran cómo el pasado y el presente convergen en el paisaje urbano de Japón en perfecta armonía. Uno de los más importantes y con mayor trayectoria es el Gion Matsuri (祇園祭), cuya celebración se lleva a cabo durante todo el mes de julio en la ciudad de Kioto.

El origen de este festival se remonta a principios de la era Heian (794-1185), cuando surgió como un ritual religioso de purificación que tenía como fin apaciguar a los Gozu Tennô, deidades consideradas las causantes de las epidemias que constantemente azoraban a la entonces capital nipona.

El Gion Matsuri (Gion-San, como se le conoce popularmente) fue concebido como una forma de comunicación con el mundo espiritual para garantizar el favor y la protección de los dioses. Con el tiempo se fue transformando hasta convertirse en un verdadero fenómeno social que implica no sólo la cooperación de todos los miembros de la comunidad, sino una competencia entre diferentes gremios y familias de comerciantes para probar su buen gusto y riquezas en la organización del festival, que siempre se busca realizar de la mejor forma.

Aunque las actividades del Gion Matsuri tienen lugar durante todo el mes, el evento más importante y llamativo ocurre el día 17: el Yamaboko Junko es un gran desfile de carrozas minuciosamente elaboradas que recorren las calles más importantes de la ciudad. En el desfile participan 31 carrozas guiadas por una que se distingue de las demás por estar abordada únicamente por un niño, quien representa al dios del Santuario Yasaka, patrocinador del festival y uno de los templos más famosos de Kioto.

Todas las carrozas son acompañadas por cantantes, músicos, actores, bailarines y otros artistas, quienes portan vívidos colores que hacen de esta procesión un espectáculo para todos los sentidos. Igualmente, las carrozas están decoradas con extraordinarias piezas de arte y telas de llamativos colores y patrones, por lo que se les ha llegado a considerar museos ambulantes. La mayoría de estas telas son creadas en el estilo de tejido local (nishijin); sin embargo, diseños coreanos, chinos, persas y belgas también están presentes, lo que incrementa la riqueza del evento.

Otro espectáculo atractivo es el Shinko-sai, actividad que consiste en transportar tres mikoshi, o templos portátiles, desde el Santuario Yasaka hasta un lugar conocido como Otabisho, donde permanecen por siete días. La pasión y entrega con la que los jóvenes transportan estos pesados mikoshi al grito de “hoito” muestra el compromiso de las nuevas generaciones con esta tradición. El ambiente dinámico y emocionante del Shinko-sai es reflejo del entusiasmo con el que la ciudad de Kioto prepara y lleva a cabo la celebración.

Pese a que estos desfiles son las actividades más representativas del festival, el Gion-San es una celebración muy vasta; temas alusivos a él pueden encontrarse en toda la ciudad. Otra de las actividades más importantes es el Byobu Matsuri, en el que, por un par de días, familias y comerciantes permiten la entrada a la parte frontal de sus negocios u hogares para que los visitantes puedan apreciar sus colecciones personales de arte y reliquias familiares. Esto también permite que el invitado observe con mayor detalle las residencias tradicionales de Kioto, una de las ciudades de mayor tradición en Japón y considerada su centro cultural.

Como se mencionó antes, el Santuario Yasaka es un punto de referencia durante el festival. Es ahí donde se lleva a cabo el ensamble de las carrozas y sus respectivas ceremonias religiosas de purificación, y en sus pabellones se puede disfrutar de diversos espectáculos de entretenimiento tradicional, como teatro kabuki, interpretaciones musicales en laúd biwa y arpa, una presentación especial de teatro kyogen y bailes a cargo de los miembros de la corte del templo, acompañados por la música de campanas y laúdes.

También es muy común que durante el festival la gente se acerque al templo para comprar omamori, amuletos para la buena suerte elaborados con hojas de bambú que, según se cree, tienen la propiedad de alejar a los malos espíritus. Dado que el festival nació como una forma para ahuyentar a los demonios que causan enfermedades, los amuletos más solicitados son aquellos relacionados con la salud y la longevidad; sin embargo, se pueden encontrar omamori para todo tipo de necesidades: éxito en la escuela o en el trabajo, bonanza económica o seguridad para los viajeros.

El Gion Matsuri y su momento cumbre, el Yamaboko Junko, condensan a la perfección algunas de las expresiones artísticas y religiosas más significativas de Kioto. Su organización es un esfuerzo comunitario que se ha mantenido de generación en generación y que propicia la inventiva de los habitantes de la ciudad, así como el sano esparcimiento y la convivencia. Por estas razones, en 2009, la procesión de carros alegóricos del Gion-San fue inscrita en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

La diversidad del festival, así como su extensión, tanto temporal como de contenido, presentan una oportunidad única no sólo para conocer la cultura japonesa, sino para experimentarla mediante su arte, su gastronomía, sus creencias religiosas y la forma en la que los japoneses la viven e interpretan en la actualidad.

Este artículo apareció en BoletínACIA número 27