02 May

Juan Antonio Yáñez

 Te has preguntado, ¿qué es aquello que te da tu identidad como mexicano(a)? En México, por años hemos aprendido a vernos como una sociedad mestiza, como una fusión de culturas. Sea esto una sobre-simplificación o no, lo cierto es que en la vida diaria, muchas personas gustan hacer pública su “sangre”. Algunos declaran con mucho orgullo su ascendencia española, otros mantienen viva la lengua que aprendieron de sus abuelos libaneses, otros presumen su nombre y sangre purhépecha, mientras otros muchos mejor esconden los orígenes de su mestizaje. Así, los genes y las historias que llevan consigo, conforman una maraña de símbolos que moldean un vínculo entre cada persona y su nación.

Pero, ¿alguna vez has tenido conflicto entre las percepciones que tienes de timismo y las formas como te ve el resto de la sociedad? Hay países donde el mestizaje no forma parte de aquello que les da un orgullo nacional, de hecho, el mestizaje se puede convertir en un estigma. Este es un fenómeno que ha quedado bien documentado en la pelicula Hāfu (2013), de las directoras Megumi Nishikura y Lara Pérez Takagi.

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Pero, ¿qué es esto de hāfu? La palabra hāfu, proviene del inglés half: mitad. Hoy en día, la gente utiliza este término para referirse a aquellas personas cuyo padre o madre es de origen japonés, y el (la) otro(a) proviene de otro país. Es decir, denota a personas mestizas, mitad japonesas y mitad cualquier otra cosa. El ser “mitad japonés” en Japón, con frecuencia le atribuye a la persona un estatus especial, como alguien a menudo percibido como “no del todo japonés”. Así, el documental Hāfu nos presenta cinco casos que en sí mismos son la evidencia de una sociedad japonesa que tiende a cambiar, en su composición y en las formas como se concibe a sí misma.

Algunos, los más conservadores, dirán que aquello es una exageración. Japón es un país con miles de años de historia, por tanto es una nación homogenea y fuerte en cuanto a identidad y cultura. Sin embargo, también existen los que insisten en lo contrario. Este filme conforma una evidencia de lo segundo; Hāfu, documentalos dilemas que enfrentan aquellos que no se apegan a canones normativos de lo que ha de ser un japonés; y como se verá, aquello se deja ver en una serie de presiones algunas muy sutiles y otras bastante crueles.

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Y, ¿qué tiene de malo tener una mezcla de sangre?, ¿qué no muchos países desarrollados han declarado ya su estatus multicultural? Desde los años ochenta hasta la fecha, estas dos preguntas han estallado con fuerza en la cara de las autoridades japonesas, quienes buscan la manera de hacer de Japón un lugar más propicio para la convivencia multicultural. Sin embargo me atreveré a decir que aquello no ha sido fácil por una razón fundamental: el hábito. A continuación intentaré desarrollar tal idea.

Las historias que presentan Nishikura y Pérez Takagi dan cuenta de lo anterior. Por años, la idea de una sociedad japonesa homogénea ha sido diseminada dentro y fuera de Japón. Ojos rasgados, cabello negro y lacio fluyen en las representaciones colectivas hasta llegar a los extremos de crear estereotipos que no vale la pena traer a colación, sin embargo, siempre nos acompañan. La diferencia choca entonces de frente con un imaginario colectivo donde, por lo menos desde el siglo XIX hasta 1945, construyó una relación histórica entre Japón y un pasado ancestral; esto es, la sociedad japonesa se veía a sí misma como una gran familia bajo la tutela del emperador y su linaje que se remonta a miles de años atrás (Yoshino, 1998).

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Después de la Segunda Guerra Mundial, esta idea del Estado-Familia fue remplazada por un nuevo estilo de nacionalismo cultural sobre premisas que enfatizaron a la raza (minzoku) como el núcleo de la unidad nacional (Morris Suzuki, 1998: 234). Lo anterior quedó finalmente cristalizado en un discurso de identidad renovado que hasta el día de hoy nos ha proporcionado de ideas normativas acerca de la naturaleza de lo japonés. Tal discurso de identidad es conocido hoy como nihonjin-ron (日本人論). (Yoshino, 1992)

En el nihonjin-ron, la idea de la continuidad histórica de la preguerra persiste, aunque con menos peso que antaño. En cambio, el contraste y el continuo recuerdo de diferencias que contraponen a Japón y a Occidente, cobran primacía (Befu 2001: 67). El grupismo, la armonía, la dependencia (amae) y la estructura vertical de la sociedad japonesa, son siempre contrastadas con el individualismo, independencia y la horizontalidad que se asumen propias de los países de Occidente (Yoshino, 1992: 50). Así, ese énfasis en las diferencias culturales, no hace sino crear todo un “territorio sociocultural” cuya posesión es exclusiva de los japoneses, donde los extranjeros son asumidos a priori como incapaces de entender el proceder japonés, ya que las grandes diferencias hacen imposible que ellos aprehendan la esencia de esta cultura tan particular (Befu, ibid: 67).

SOFIA

Sin embargo, ¿qué no, los personajes que presenta Hāfu nacieron en Japón?. Como se podrá ver en cada historia, la pertenencia a la nación no se da de una manera tan fácil, ya que aquel hábito de la sociedad japonesa para pensarse a sí misma creó un espacio de exclusividad cultural; un vínculo entre 1) la tierra, 2) la gente (léase la raza), 3) la lengua, y 4) la cultura. Así, sobre la lógica de un determinismo genético, la vieja retórica nos dice que: las competencias culturales y lingüísticas se llevan en la sangre. Japón, se describe entonces como una comunidad étnica y culturalmente homogénea, lo cual, finalmente marca un límite simbólico entre nosotros los japoneses (en el adentro) y ellos los extranjeros (en el afuera) (Yoshino, ibid.) [1].

Sobre la base de estas premisas, el nihonjin-ron ha establecido los límites de la membresía bajo criterios cargados de etnocentrismo, donde la pertenencia a la nación japonesa emerge como natural, inmutable, e incluso se tiñe de misticismo. Dicho en otras palabras: Sólo quien participa de la lengua, de la cultura y de la sangre japonesa es quien puede llamarse: un japonés. Así, se conforma una ecuación que puede representarse de la siguiente forma:

 

etnicidad japonesa = ciudadanía japonesa = armonía social
apariencia no japonesa / apellido no japonés = extranjero =disrupción social

 

Todas las premisas, imágenes, y el lenguaje que crea a una comunidad étnica y culturalmente homogénea, son parte del conocimiento compartido que frente a los japoneses que no se apegan a la norma, se configura en comentarios, miradas, y actitudes que día a día ponen a prueba su propio concepto de identidad y su vínculo con la sociedad que los vio nacer. Vale entonces la pena conocer ese día a día que desenmascara Hāfu en la experiencia de sus protagonistas. Los sinsabores, las dudas y la estigmatización; y también el poder que les otorga precisamente su estatus de “japoneses con características especiales”. A final de cuentas, el ser diferente también les otorga un poder para trazar una brecha rumbo a la tolerancia y al reconocimiento; aquello, en un Japón que lentamente rompe hábitos y se abre camino rumbo a la multiculturalidad.

Hāfu será presentada en una función única
el sábado 24 de mayo a las 18:45 horas.
La cita es en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco.
Ricardo Flores Magón #1, esq. Eje Central Lázaro Cárdenas.

LA ENTRADA ES LIBRE.
NO TE LO PUEDES PERDER.

Referencias

Befu, H. (2001). Hegemony of Homogeneity.An anthropological analysis of Nihonjinron. Trans Pacific Press. Melbourne. Australia.

Morris Suzuki, T. (1998). Cultura, globalización y etnicidad. La experiencia japonesa. México: Siglo XXI.

Sugimoto,Y. y Mouer, R. (1982). Japanese society: stereotypes and realities. Melbourne: The Japanese Studies Center.

Yoshino, K. (1992). Cultural Nationalism in contemporary Japan. London: Routledge.

Yoshino, K. (1998). Culturalism, Racialism and Internationalism in the Discourse of National Identity. En: Glandley, D. (comp.) (1998). Making Majorities. Constituting the nation in Japan, Korea, China, Malaysia, Fiji, Turkey and the United States. California: Standford University Press.

1. Por décadas, el éxito económico de la posguerra ha sido explicado con base en ésta fórmula, la cual ha sido especialmente acogida por los grandes empresarios japoneses, quien han repetido una y otra vez una la lógica que es simple: Japón se convirtió en un gigante económico gracias a “lo que es”. Amparados bajo el relativismo cultural, los negociadores japoneses aparecen como inexcrutables; las decisiones son atribuidas a un proceso único que los extranjeros no pueden comprender, y las críticas son enfrentadas con un argumento tajante: los japoneses somos diferentes (Sugimoto y Mouer, 1982:11)