12 May

Roger Santibáñez

El pasado viernes 19 y sábado 20 de Febrero se presentó en el Teatro de Ciudad “Esperanza Iris” la compañía de danza tradicional japonesa Kikunokai (grupo de crisantemos). El Centro Histórico de esta Ciudad de México recibió por primera vez a la exitosa compañía de danza creada desde 1972 por la maestra Hata Michiyo, heredera del estilo de la escuela de danza Onoe Ryu del actor del teatro kabuki Onoe Kikugoro IV.

El evento fue traído por la Secretaría de Cultura del gobierno de la Ciudad de México con el apoyo de la Embajada de Japón en México y la Asociación México Japonesa como parte de las celebraciones por los 400 años de amistad entre México y Japón.

Un verdadero espectáculo lleno de profesionalismo y con la disciplina y seriedad con que los japoneses realizan ésta y tantas otras actividades que para nosotros pueden resultar más triviales. La entrega de los boletos para este espectáculo se realizó el miércoles anterior al evento. Mucha expectativa hubo sobre si el costo de la entrada iba a ser de cien pesos o si iba a ser gratis tratándose de un evento organizado por el gobierno. Finalmente resultaron ser cortesías entregadas sin costo alguno y a cada persona en taquilla se le entregaron un máximo de dos boletos poniéndoles un sello en la mano para que no volvieran a pasar.

Algo de desorganización llegó cuando el personal del teatro acomodó al público de acuerdo con su boleto numerado y posteriormente comenzaron a recorrerlos para cubrir los espacios vacíos y así dejar pasar a las demás gentes quienes hicieron una larga fila afuera en la calle de Donceles buscando entrar esa misma noche. Todo esto provocó un incómodo retraso de tiempo, aunque el resultado fue la vista de aquel teatro porfiriano completamente lleno en sus tres niveles.

El telón se levantó y apareció Iida Irene Akiko, licenciada en baile kabuki, para dar la bienvenida al público y presentar a la compañía de baile además de dar los debidos agradecimientos a las autoridades que hicieron ese evento posible. Se dio una breve explicación de en que consistiría la primera parte del programa y por fin inició la función.

La compañía de danza dio la bienvenida con Nagauta Kotobuki Kiku Sanba-So un baile de las celebraciones del año nuevo deseando la buena cosecha. Después vino la espectacular Nagauta Shakkyo (Danza de Leones) en donde dos hombres representando a los leones jóvenes con sus melenas rojas y el león viejo con su melena blanca mostraban grandes actos de habilidad con los movimientos coreográficos y perfectos en los que contoneaban sus largas melenas. Era impresionante observar la concentración y expresividad en el rostro de los actores mientras hacían esta interpretación, con sus ojos remarcados por el maquillaje viendo hacia ningún lado y hacia todos lados a la vez.


La primera parte concluyó con la obra cómica clásica Kyougenbuyo Bo-Shibari (atar el palo) la cual verdaderamente te hacía viajar en el tiempo y sentirte como espectador del auténtico teatro japonés como se realizaba en el siglo antepasado o incluso más atrás. La divertida historia acerca del señor feudal que amarra las manos de uno de sus sirvientes y al otro lo ata a un palo para evitar que se beban su sake iba siendo traducido al español por subtítulos que aparecían en la parte superior del escenario, no muy bien sincronizados, pero eso fue lo de menos, cuando la expresividad en los movimientos de los actores eran más que suficientes para seguir con gusto la trama de la historia aun para el espectador que no supiera japonés. Y para aquel que está estudiando japonés como un servidor, resultó muy interesante percibir como en los diálogos se habló un estilo de japonés muy tradicional, sin ningún tipo de anglicismos u otro modismo y las palabras pausadas y detalladamente pronunciadas te hacían ver la sorprendente evolución que este idioma ha tenido a lo largo del tiempo. Otra característica de esta representación que llamó mucho la atención, fueron los movimientos tan bien marcados y sincronizados que el asistente de utilería vestido todo de negro hacía al entrar al escenario para pasar a los actores los distintos objetos que necesitaban durante la representación con la misma reverencia y disciplina con la que un asistente le pasaría su arco a un maestro de kyudou o su espada a un maestro de kendou.

Luego del intermedio, comenzó la segunda parte de la función con el teatro completamente obscurecido e iluminado lentamente en el escenario por las luces de las lámparas de papel sostenidazas por las bailarinas que dieron inicio a la danza llamada Konjyakuy Monogatari (cuentos de tiempos pasados). Tras este número, Irene Akiko Iida volvió a aparecer para deleitarnos con un número musical interpretando una tradicional canción de cuna japonesa.

Dos bailarines vestidos en unos originales kimonos con motivos florales interpretaron después el baile Oboro Zukiyo no SakuraOboro (cerezos de la luna nebulosa) con una bella y delicada coreografía. Con sus rostros detrás de antifaces aparecieron luego tres parejas para interpretar una obra original de la compañía llamada Haruo Odoru(danza de la primavera) que con los movimientos de sus abanicos al ritmo de la música mostraron una gran combinación entre los estilos modernos con las bases tradicionales de estas escuelas de danza aplicándoles una energía y velocidad no muy comunes en este estilo de bailes, sin lugar a dudas este fue uno de mis números favoritos de la noche.

Después vino el número llamado Tomoni Ayumo (caminando hacia el futuro) donde una pareja nos mostró con su clásica interpretación, que sentí un tanto influenciada, por el ballet occidental, la constante que sigue hasta la fecha de los sueños y aspiraciones de las y los jóvenes japoneses.

Una gran demostración de danzas con abanicos vino a continuación con las piezas de cuatro regiones distintas de Japón: Nihon no Kokoro (espíritu del Japón), Nanbu Tawaratsumi Uta, Goiwai y Tsugaru Jyonkara Bushi; mostrando la gran diversidad cultural que hay – y que uno no podría imaginar – en el tan reducido territorio de la isla nipona.

Otro momento divertido llegó cuando se hizo la interpretación escénica de la pieza llamada Yasaburo Bushi, la cual cuenta la historia de las penurias que debe sufrir una nuera con su suegra. Muchas mujeres del público exclamaron su pena por el final de la nuera en este número.

Otro baile tradicional y muy representativo de Japón vino entonces con el Kasa OdoriKasa (danza de la sombrilla) donde los fuertes movimientos que los bailarines interpretaban con estas frágiles sombrillas hacían gala de una combinación de fuerza con agilidad.

A continuación vino el baile típico Rokucho, que al empezar a verlo no pude evitar pensar para mi que se trataba de todo un “Jarabe Tapatío japonés”, incluso con el elemento de la cuerda que hombre y mujer sostenían uno en cada extremo para sincronizar sus pasos. Una danza en verdad muy interesante y que se denotaba meramente popular sobre todo por el acompañamiento de chiflidos dentro de la pieza musical.

El gran final de la noche estuvo a cargo del número llamado Ushibuka Haiya Bushi y Awaodori Kakeai; dos danzas tradicionales de dos regiones distintas del Japón, la primera de la región de Kyushu y la segunda de la prefectura de Tokushima, ambas danzas sincronizadas por la compañía de una forma magistral logrando una coordinación y sincronización entre las dos haciéndolas parecer como una misma al punto de solo ser distinguidas por los trajes típicos de cada grupo de danza; una fantástica manera de presentar el encore de los integrantes de esta compañía que vinieron a nuestro país. El telón se cierra y el público salé siendo despedidos con la presencia en la puerta central de la representante de la compañía, la maestra Hata,Michiyo elegantemente ataviada en un kimono.

En mi opinión resulta increíble que un evento tan profesional y tan bien llevado como éste haya resultado completamente gratuito, realizado por una compañía teatral de tal importancia como es Kikunokai; con representaciones por todo el mundo en países como Estado Unidos, India, Alemania, República Checa, Marruecos, Túnez, Argelia, Taiwán, Singapur y Brasil y con una relevancia internacional como su intervención en la película del director Kurosawa Akira y ganadora del Óscar, “Dreams”. Una acertada inversión por parte de nuestro gobierno capitalino que demuestra un verdadero interés para afianzar las relaciones culturales entre México y Japón y que esperemos de paso a otros eventos tan fantásticos como fue el de esta compañía de baile.