12 May

Apostar a vivir bajo la igualdad, la tolerancia y el entendimiento mutuo es tan difícil como cuando un náufrago escribe un mensaje y lo mete en una botella para lanzarlo al mar con la esperanza de recibir una respuesta a su soledad.

Hace 7 años pensamos en esas tres ideas para lanzarlas al mar y ver si alguien más las compartía, entonces fue que llamamos a la botella en que metimos nuestro mensaje: ACIA. Quizá a alguien le interesaría lo que hacemos o por lo menos nos preguntarían –¿porqué lo escriben con “c”?…
¿A qué nos referimos con estas tres ideas?. Hablar de orientales es tan fácil y común como verlos y tratarlos como el otro exótico, como el modelo de lo raro. Solamente necesitamos tener imaginación y atribuirles sin la menor responsabilidad cualquier cosa. La apuesta del proyecto ACIA es conocer, sin intermediarios, a los seres humanos que viven en otras latitudes y hacer el esfuerzo por reconocer la riqueza que representa la aceptación de lo que somos y por conocer a los otros para conocernos más profundamente a nosotros mismos.

Aún en la era de la información comprender la carga etnocéntrica de los trabajos académicos es todavía como encontrar una aguja en un pajar. La distinción entre los conceptos cosmoculturales y los monoculturales(1) es cada vez más borrosa para muchos pero cada vez más importante en nuestro contexto.

Me viene a la memoria la anécdota del francés Vicent Guerry quien al indagar sobre los huérfanos en África se encontró con lo siguiente:

Al encontrar a un baoulé acompañado de un niño, le pregunto: “¿Es tu hijo?” Él me contesta: “Sí, es mi hijo?”. Para evitar toda confusión, le pido una precisión: “¿Es tu verdadero hijo? ¿Es el hijo de tu vientre?” Él me responde: “No”. Entonces yo le digo: “Pues, no es tu hijo”. Y él replica: “No es el hijo de mi vientre, pero es mi verdadero hijo”. (2)

Para los franceses y para muchos otros pueblos un hijo biológico y uno adoptivo son algo distinto, y eso lo consideran “natural”, “universal”, pero eso no significa que todas las sociedades del mundo, como los africanos en este caso, vean de la misma forma las cosas. A veces, lo que parece universal, no lo es tanto y de ahí la cautela de ACIA en el encuentro con el otro, no vasta con verlo directamente.

La observación directa, el “verlo con los ojos propios”, del método científico de las ciencias exactas tendría que ser revisado al tratarse del estudio de sociedades y culturas. No se trata de solo ver, sino de hacer concientes nuestros cánones de identidad y los de otros para poder lograr un acercamiento más real. Es decir, tomarse una foto en Kioto vestido con kimono no significa conocer Japón.

Sorprendentemente en estos 7 años han llegado muchos náufragos que tienen ideales similares y que nos han dicho: sí, entender a los otros tal cual son es lo que nos hace más ricos en lo que somos nosotros mismos. Vivir con igualdad, tolerancia y entendimiento mutuo es un camino difícil en el se puede tropezar con facilidad.
A pesar del mundo tan caótico en el que vive el siglo XXI, hay esperanza en estos tres ideales, quién le diría a Sting que su canción describiría la historia de ACIA. ¡Felicidades a toda la comunidad ACIA!

En este número conmemorativo del séptimo aniversario presentamos un breve artículo sobre Orientalismo, una rama académica abanderada por Edwad Said, revisamos el origen de la palabra Asia. Por otro lado traemos a la memoria el suceso accidental que dio inicio a las relaciones entre la Relación Nueva España–Japón. Tenemos una breve nota sobre la migración china en México y otra sobre pragmática lingüística del japonés. Esperamos lo disfruten.


1 Extraído del texto: “El etnocentrismo en el estudio de culturas diferentes” de Dominique Perrot y Roy Preiswerk Del libro Etnocentrismo e Historia, América Indígena, África y Asia en la visión distorsionada de la cultura occidental, Ed. Nueva Imagen (traducción al español), México 1979. Págs. 87-88.
2 Vicent Guerry, La vie quotidienne dans un village baoulé, Abidjan, INADES, 1970, pág. 9. (Citado en Etnocentrismo e Historia., pág. 88.)