05 Feb

Esta reseña apareció en BoletínACIA número 27

Elena Brito

Me fui de visita a la biblioteca y me traje a casa una novela que tenía muchos deseos de leer: Soy un gato (吾輩は猫である; 1905) de Natsume Sōseki (夏目漱石; 1867-1916), que presenta la sociedad japonesa de principios del siglo xx a través de los ojos críticos (y burlones) de uno de
estos animalitos.

Para mi gusto, es un libro muy completo, no le sobra ni le falta nada. De hecho me demostró, como sólo saben hacerlo los grandes, que no hace falta una trama muy complicada para decir mucho, que unos pocos personajes bien seleccionados pueden representar no sólo a toda una sociedad, sino a la humanidad en su conjunto.

Encontré pasajes muy simpáticos que me hicieron reír a carcajadas. Los parlamentos del gato sin nombre, que aumentan en intensidad a medida que este filósofo tan particular va creciendo, van desde lo hilarante e irónico hasta lo realmente profundo.
Este observador bastante imparcial nos expone un análisis todo-abarcador del ser humano poniendo bajo el microscopio las complejidades, las bajezas, las costumbres, las relaciones, la sociedad. No se le escapa nada. Casi todo aspecto de la vida de los hombres desfiló ante los ojos de este gato en sus cortos dos años de vida, y esto me hizo aceptar naturalmente su muerte. El gato se va a la otra orilla con mucho más conocimiento, raciocinio y experiencias que muchos otros personajes ficticios e incluso que algunos reales.

Entre bromas, charlas y anécdotas aparentemente sin sentido, este libro nos unta con brochazos enormes tanto de cultura popular como intelectual. En estas páginas se menciona casi un catálogo de personajes famosos (intelectuales, militares, poetas) que vale mucho la pena investigar mientras se lee. Lo considero una deferencia del gato para con nosotros, que con sus alusiones y citas nos ayuda a ir mucho más allá de nuestras narices, conocer otra cultura e incrementar nuestro bagaje.

¿Lo recomendaría? Claro que sí, y no sólo a los interesados en
la cultura japonesa sino también a todo el que quiera entender mejor a los hombres.

Para conocer un poco más de esta generación de intelectuales japoneses y complementar la lectura de Soy un gato, les recomiendo una excelente película de Kurosawa Akira, su última producción, llamada Mada dayo (Todavía no; 1993), que narra la historia de Uchida Hyakken, un intelectual discípulo de Natsume Sōseki. La película muestra muy bien las relaciones entre maestros y discípulos, y la personalidad de estos intelectuales.

Uchida, por cierto, también tenía un gato, llamado Nora, que aparece en la película y, de hecho, escribió un libro llamado Soy un gato. Una falsificación. 

En México se puede conseguir esta edición: Natsume, Sōseki, Soy un gato, trad. Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, 12a ed.,
Impedimenta, Salamanca, 2011.

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Una versión de esta reseña apareció en www.diariodelapelusa.blogspot.com

Esta reseña apareció en BoletínACIA número 27